La columna de Daniel Molina: El problema de las convicciones

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“Algunos suponen que una convicción tiene el mismo nivel que una creencia, y es la que nos mueve a la acción de manera importante. Pero hay dos estilos de convicciones, unas son las ideales, las que nos proponemos como sociedad, como puede ser por ejemplo la igualdad de género. Son metas sociales y no de un bando, las que con el desarrollo de los siglos y de la inteligencia social va teniendo cada vez más gente adepta”, explicó el escritor y periodista Daniel Molina, quien esta vez centró su espacio de reflexión de los días jueves en Radio Del Plata, sobre el eje de las convicciones en nuestra sociedad.

“Pero otra cosa distinta es una convicción de creer que mis ideas políticas concretas para cada caso específico, son las verdaderas. En la Argentina anterior a esta etapa democrática era muy habitual ese tipo de convicciones y es por eso mismo que casi todos los enfrentamientos eran de vida o muerte”, refirió.

“Me asusta un poco que desde hace unos años ha resurgido con fuerza -y la encarnación más clara es Lilita Carrió pero ella ha formado a toda una generación-, en donde ha vuelto la idea de que la convicción de uno es verdadera y la de los demás no tiene derecho a expresarse”, apuntó.

“El nazismo y el fascismo se sustentaron sobre la base de que todo otro que pensaba en contrario era malo o perverso, y debía ser exterminado. Y la idea que Lilita encarna es yo soy del bando de los buenos, de los honestos, tengo comunicación directa con dios y lo que yo hago es divino. Y eso es terrible porque significa que cualquier cosa que se aparte de lo que ella piensa o diga debe ser combatido a muerte, porque ensucia el orden del mundo, es corrupto y malvado”, fustigó.

Para Molina, cuando las convicciones morales se transforman en ejes principales de la política, aparece el riesgo de los adalides del bien, que colocan al resto de la política dentro de la inmoralidad, y por tanto como algo que debe ser combatidos.

Sin embargo, para el crítico literario la negociación política y la necesidad de lograr acuerdos y concesiones, implica saber que “nadie es bueno en el bando de la política sino que tienen intereses comunes que pueden debatirse o no”. Para eso, trajo a colación la historia que cuenta la película de Steven Spielberg sobre Abraham Lincoln, y el debate sobre la igualdad racial, para explicar que a veces los caminos de la política son sinuosos, y no siempre se puede ir directamente hacia el objetivo final para conseguirlo.

“Cuando los griegos inventaron la democracia lo hicieron con dos bases, una que es el gobierno del pueblo y la otra es que nadie tiene la verdad, sino que todo gobierno surge de discusiones acerca de lo que hay que hacer y luego la mayoría decide qué le parece mejor para cada etapa”, remarcó Molina.

Por último acotó que cada etapa política en la historia del país implicó un aprendizaje social, incluso la tan terrible última dictadura militar. Para Molina, el Proceso dejó como herencia la necesidad de preocupación por los Derechos Humanos, que quizá no era trascendente en el imaginario social de 1975.

Audio de la entrevista

Jueves 3 de septiembre de 2015